lunes, 23 de febrero de 2015

Mextraño

Extraño más la confianza que la persona. 

Extraño a todas mis yo dormidas transitando esa zona.

Extraño la cercanía más que los ojos.

Extraño la libertad más que el momento.

Extraño las caricias más que el encuentro.

Extraño las palabras sueltas más que verlas reflejadas en el viento.

Extraño la sensación y el sentimiento.

Extraño lo efímero y ese estado que parece eterno.

Extraño el aire pero no lo concreto.

¿Será por eso que entendí hace poco tiempo

que debía soltar yo y no el acompañamiento?

Yo debía soltar las ganas 

de que inmediatamente se me cumpla el cuento.

Saber que me extraño a mí y no a él en todo momento.

A veces es bueno, sucumbir ante el intento, 

la flaqueza y la debilidad nos hacen ver 

lo fuerte que puede ser el sentimiento.

Me extraño entregada al encuentro, 

me extraño borracha de sentimiento. 

Me extraño sintiendo que es recíproco todo el tiempo.

Me extraño sintiéndome segura 

de que todo lo que doy es bien recibido y a tiempo.

Me extraño convencida 

de que será por mucho tiempo,

me extraño enamorada y ya está todo resuelto.

domingo, 14 de diciembre de 2014

La ilusión del anillo.

Hace un año me saqué el anillo en un casamiento y fui feliz. Porque por fin alguien externo a nosotros había decidido llevarnos a pensar seriamente en ese compromiso tan grande que ninguno de los dos hasta el momento se había animado a hacer. Por un rato lo usé feliz, lo miraba y me sentía segura, todo estaba tranquilo, lo peor ya había pasado. Otra parte de mí sabía que sacarse un anillo en un casamiento no significaba más que azar, hacía falta mucho más que un anillo para decidir celebrar el amor y la unión. Pero es que todo había estado tan difícil que el anillo en ese momento fue como el cuento de hadas, como la solución en una historia con final feliz, "se sacaron el anillo, vivieron felices y él comió perdices."

Me entraba en el dedo chiquito, me lo miraba todos los días y sonreía y los días en que no sentía mucha seguridad de que el anillo solo pueda contra todo lo que se nos avecinaba me repetía, me contaba  a mí misma que por algo lo había sacado.

Quería que alguien me prometiera que ese anillo me aseguraba que él y yo nos íbamos a volver a encontrar, necesitaba la tranquilidad de saber que podía irme a hacer ese camino sola que necesitaba hacer y que él iba a hacer el suyo pero que siempre había algo que nos iba a unir porque la verdad era que no lo quería dejar ir. 

Y ese anillo, en medio de tanta tormenta, de tanto viaje, de tantas dudas pero tanto tanto amor y dolor nos bañó por un rato de fantasía y de dejar viajar los sueños y el alma cuando nos dejamos guiar por lo más profundo. Y nos sacamos la foto y estábamos felices de estar juntos de vuelta aunque sabíamos que había cosas que aún estábamos dejando sin charlar porque no queríamos pensar en separarnos de vuelta, después de todo un anillo nos había dicho que nos íbamos a casar. Había que festejar.

Y entonces un rato disfruté la posibilidad, jugué con la idea. En realidad hacía tiempo que jugaba con la idea, pero ahí siempre estaba yo de vuelta, pensando todo tanto y siempre queriendo que una serie de cosas sucedan antes de que eso tenga que suceder, como si constantemente me fuera corriendo la plenitud un poquito más lejos.

Al tiempo dejé de usar el anillo, al tiempo nos dimos cuenta que por el momento el amor no iba  alcanzar, seguíamos pretendiendo que el otro nos complete, nos cierre, nos de la razón. Seguimos hablando de lugares, costumbres, plata y no de amor. Seguimos mirando hacia afuera y nos olvidamos el auto.amor.

Hoy, a casi un año de eso limpiando encontré una cajita, esa de anillo, esa que en las películas una sabe qué anillo hay adentro. Cuando la abrí y vi ese momento de felicidad tan plena que me había hecho vivir y los sueños que me había animado a soñar gracias a esa mera coincidencia del destino: elegir la cintita que lo tenía y que me invitó a imaginarme cómo sería la vida con él. 

Por un rato al menos disfruté de estar convencida de que sí, por un rato al menos jugué a que algo había decidido por nosotros que siempre estaríamos juntos y comprometidos. 

Hoy no sé si fue un juego o fue la realidad. A veces, todavía hoy, mirando ese anillo me pregunto si algún día nos iremos a casar.

viernes, 28 de noviembre de 2014

Detrás del no aprobar.

Hoy pasaron por mi vida alrededor de cuatro chicos envueltos en llanto, en agustia, en dolor. Lo primero que veo son ojos llenos de lágrimas, de una incomprensión y, a la vez, un entendimiento muy grande. Un dolor que va más allá del presente, de las materias. Un dolor que atraviesa el corazón cuando se sabía que esto iba a pasar, pero con la sinceridad de la inocencia. Nunca supieron cómo superarlo.

En el colegio solíamos preocuparnos porque la gente fuera a particular para aprobar las materias que tenían flojas, que trataran de concentrarse, estudiar, portarse bien. Cuando la angustia y la emoción se hacen dueñas de nuestras vidas desde un lugar oscuro y oculto, no hay  maestra particular que solucione y que destape.

En los ojos que yo miré hoy, las miradas que me compartieron cuando pudieron (porque a muchos les costaba mirarme y contarme con el cuerpo que la tristeza los consumía y que ellos habían hecho algo por revertir eso) vi que no sabían qué otros caminos existían. Me miraron. En sus miradas había un dejo de perdición, de pedido de ayuda, de querer explicar que ellos no querían eso, un “por favor, ¿cómo se hace a esta edad para superar?”

Y por primera vez no traté a un adolescente como un alumno, les hablé desde el lugar más honesto en el que me pude parar, con un mar de lágrimas que me iban por dentro, por esa mujer que está adentro mío que no es vicedirectora solamente, es persona, empatiza, y hace tiempo que entendió la ilusión de la separación.

Les hablé de las emociones, de la necesidad de buscarse, la necesidad de aceptar la familia en la que habían nacido, la necesidad de hablar, abrirse y encontrar. Les tuve que decir, que si esperaban a que sus padres curen el enojo que ellos llevaban dentro, quizás iban a perder la vida en el secundario… y ahí me di cuenta cuán grandes somos todos en determinado momento. Y yo siempre creyendo otras cosas tan diferentes. Les conté que analizarse nunca puede ser malo, que preguntarse siempre va a traer hermosos resultados pero no les mentí, no pude mentirles: les dije que muchas veces ese trabajo y ese “aceptar” es triste y doloroso, que crecer muchas veces es cuesta arriba, pero que el resultado es siempre que se quiere y se hace a consciencia, positivo.

Y ahí estaban ellos, mirándome… sollozando algunos, esos que siempre habían sido una roca, una rebeldía, una coraza… una necesidad de afecto y amor… un pedido a gritos de “no necesito entender matemática, ese no es el problema, esta es la única manera que encuentro para que me presten atención, me miren y me escuchen”. Pero claro, con eso no alcanza, porque algunos los padres miran lo que se ve, no van más allá.

Entonces son horas más que ellos no comparten con sus hijos pero, “estamos haciendo todo lo que podemos”; y “¿qué haces?”,lo mando a particular, va a la psicopegagoga, pedimos un informe en la clínica tal, lo llevé a hacer deporte, lo cambié de colegio, pero nada”. ¿Y ellos mismos? ¿Y darle un abrazo y quedarse un rato largo acompañandolos en la cama, haciendo silencio y compartiendo un momento? ¿Y las horas que no te ve porque vos trabajas para comprarle todo eso que creés y estás convencido que lo va a hacer más feliz a él y a vos un padre más copado?

Aprendí a no enojarme con esto y una vez más, y bien fiel a mi estilo, a convencerme de que algo se puede hacer. Tomé coraje y junté valor y gracias a mi honestidad con educación pude empezar a hablar yo con el corazón. Pude decirle a los padres que mientras ellos no se dejen de mirar a ellos mismos sus hijos no podrán aprender a mirarse a ellos. Que no se trata de hacer lo que crea que debo, sino lo que realmente quiero para ellos. Que lo primero es no pensar en uno, y es pensar desde el amor. “Bloqueo emocional.” Claro, ¿un “bloqueo emocional” que tenga que ver con las matemáticas? ¿Que un bloqueo emocional no me deje aprobar lengua? Como si fuéramos partes separadas que podemos solucionar sin ver el todo, el ser humano detrás de esos pequeños ávidos de amor.

Miedo de pedir ayuda, de pedir amor, vergüenza de que me miren como el adolescente que necesita ayuda.

Nunca nos pusimos a pensar de verdad en lo que hemos construido como sociedad. Los hábitos negativos que construimos y la falta de amor que hay en cada relación. Como sistema educativo fallamos constantemente porque todo el tiempo queremos una nota para aprobar, queremos entender que hasta acá va mi límite, mi incidencia.

Sigue intacta mi convicción de que podemos cambiar el mundo.


jueves, 20 de noviembre de 2014

Diálogo (interno) entre Tejido, Lectura, Escritura, Dibujo y Música

Tejido (le dice a Lectura): Hey, loco, ¡te llevás todo el tiempo! A mí también me ama y soy su escape al infinito y más allá. Con vos ella crea mundos y re-crea en su cabeza (que sabemos que le encanta) pero conmigo también ¡eh! Encima conmigo toda su parte creativa en colores y cosas nuevas se plasma; en cambio con vos, en la literatura, no ve la creatividad materializada, es de otro.

Lectura: Por eso mismo, yo tengo algo que vos no tenés, por eso nos disfruta tanto a los dos. Es cierto que ahora está un poco embobada conmigo. Desde que empezó Robinson Crusoe que está como chochaza, porque claro, lo está leyendo para la facultad entonces es placer doble: la "obligación" le esta dando placer, por eso no teje tanto. Si la novela no le gustara, recordaría que está leyendo para la facultad y se evadiría con vos, pero conmigo esta vez juntó todo... Aparte pensá que un poco en mí descansa su creatividad, porque que lo único que tiene que hacer es imaginar lo que otros le cuentan, dejarse llevar por mundos nuevos, por creatividades súper originales y saber que no hay que pensar en un final, o en cómo sigue, es solo seguir leyendo e irse por el mar de la imaginación.

Tejido: Tenés razón, ¡cómo se la ve disfrutar cuándo lee también (por placer)! Y a veces cuando teje rápido y para terminar prefiere leer. Pero cuando teje tranquila y con tiempo...se la ve como con vos ahora. Parece que flotara viste.

Lectura: Tal cual, flota. Puede encontrar el placer en lo que le gusta y en lo que tiene que hacer. Es más, creo que se embobó conmigo porque se dio cuenta que había dejado un poco de leer (por placer) y no le gusta dejar de leer.

Escritura: La verdad es que los escucho y no puedo dejar de decir, que a mí a veces me abandona y otras veces no, pero siempre escribe y reescribe en su cabeza, todo el tiempo, minuto a minuto. Ahora para no perderse detalles como que se prometió anotar aunque sea las ideas, porque ella siempre cree que su memoria no le va a fallar y que se va a acordar, pero ya no se miente, sabe que muchas veces eso no pasa. Entonces escribe oraciones, palabras. Siempre lo hacía, pero ahora hace tiempo que no tiene su anotadorcito en la cartera. Sabés por qué, ¿no? Porque ahora apareció Dibujo.

Dibujo: ¡Che, che, che! Yo no tengo nada que ver. A mí me vienen llamando de hace raaaato, pero yo si venía era con una onda muuy relajada, nada de compromisos, horarios o gastos. Como los niños, ¡vamos a pintar! Así que a mí me toca cuando se sabe que se relaja y se disfruta. Se medita se deja venir lo que haya que plasmar. Como escribir pero en dibujo. Contar con dibujos lo que dicta la cabeza y el alma.

Tejido, Escritura y Lectura asienten con la cabeza unánimemente.

Música: Yo no me puedo quejar, conmigo comparte mucho tiempo y los comparto a ustedes, es más creo que acompaño a Tejido, a Dibujo, a Escritura y un poco menos a lectura. Pero qué placer es saber que me ama tanto, es mutuo, porque amo ver lo que genero en ella, cuánto se inspira y dibuja, teje, escribe con ciertas canciones. 

Yo (estudiante): Chicos, todo re bien con esta honestidad y armonía con la que se respetan los tiempos, me encanta que haya tanta comprensión o no sean celosos el uno del otro. Pero tenemos que seguir con Robinson Crusoe, que se viene el recuperatorio. Los necesito a todos así, amigos comprensivos hasta el tres de diciembre, después les prometo que me voy de vacaciones unos meses y los intentaré dejar que exploten por los poros de la piel a todos hasta que se les dé la gana. ¿Puede ser?


Y esta fue la respuesta:

domingo, 19 de octubre de 2014

Mamá

Vos sos la Luna, no el sol que ilumina mi camino. Justamente tu rol en mi vida fue mostrarme que siempre había algo más para ver de lo que nuestros ojos nos mostraban. Iluminar la oscuridad. Recién ahora me entero que la luna en Virgo es ser perfecta para la madre, pero también para el alma. Por ende sos vos, mi maravillosa madre que elegí para que sea mi maestra, para mostrarme el camino perfecto hacia el alma. Sentite orgullosa, feliz y bendecida por el universo porque si te elegí para que me muestres ese camino debe haber sido porque mi alma vio en la tuya todas las herramientas para mostrármelo, todo el amor, toda la sabiduría que siempre a tu manera me supiste transmitir.

Y viste que la vida es maravillosamente perfecta y viste que nadie aprende de la manera fácil, al menos de aquí a un tiempo aún.

Soy el reflejo de tu sonrisa, tu gesto copiado e imitado, porque al ser perfecta para vos, siempre en el fondo quise ser como vos. Quise ser libre como vos me mostraste que eras, siempre eligiendo, con prioridades claras y honestidad. Y eso no quiere decir que siempre haya estado de acuerdo con vos, al contrario, más de una vez no lo estoy ni lo estuve. Pero tu claridad y honestidad hacen que todo sea válido, que todo este camino cobre, en un abrir y cerrar de ojos, un sentido. Durante mucho tiempo sufrí por no entenderte, hasta que me di cuenta que no tenía que entender nada, sino aprender mucho.

Mamá hermosísima de mi alma, mi ser creador, mi fiel ejemplo de una bondad infinita; un amor que de incondicional se deshace en vos. Soy la continuación de tu ciclo: tu hija mujer que admira el trabajo que haces en vos y con vos, el silencio que tanto tiempo trataste de que entienda. Seguramente somos aún más parecidas de lo que muestra esta foto, seguramente en otra vida fuimos hermanas de alma.

No me van a alcanzar en la vida las gracias que te quiero dar. Es mágico que tengamos estas fotos, con sonrisa, con equilibrio. Vos con tu primer hijo, yo con tu primera nieta y mi primera sobrina. Cuántos logros, ¿no?

Cuánto merecimiento de celebración, festejo y amor.


Te amo, Mamá.

lunes, 6 de octubre de 2014

Mirarse

Con muchos estuve hablando estos últimos días de cómo empezar a buscarse. Cómo hacer para ver todo eso que tenemos dentro que no sabemos cómo se "lee", cómo se "escucha," cómo se "describe." Porque a veces los idiomas que conocemos no nos alcanzan y no se trata de aprender a hablar otro idioma con palabras sino que se trata de aprender idiomas que tienen otra simbología, otra manera de manifestarse y de percibirse. Donde un hecho puede ser hablar, donde un gesto puede tener significado, donde pensar en la propia respiración puede ayudar a hacer tangible un miedo.

Sin lugar a dudas hacer consciente lo inconsciente es un trabajo diario que al comienzo puede parecer difícil o tedioso. Porque al principio no podemos creer que en la sombra exista luz, o que la oscuridad sirva para ver. Mirarse todos los días un poco más profundo, con la sinceridad de quien no se oculta nada porque sabe que no le sirve de nada. Sabiendo que el proceso no es fácil y que parte de este gran "mirarse" es tener paciencia porque no sabemos, aún, qué es lo que vamos a ver. Como en la meditación libre, no sabemos a dónde nos quiere llevar la mente o qué es lo que nos va a querer mostrar.

Mirarse ya es acordarnos que existimos y que somos parte de algo mucho más maravilloso que una simple rutina de vida. Es ver cuál es la calidad de cada hecho que nos sucede, que nos toca y que nos atraviesa. Y después, mirarse es un trabajo que sale solo y del cual, claramente, a veces nos gusta tomarnos vacaciones. Pero una vez que nos vimos, y ya sabemos que existimos, no podemos decir que no sabemos que estamos ahí, que somos ese potencial de posibilidades esperando salir a explotar su lado luminoso y su lado oscuro para hacer el gran camino de conocernos.

Hoy tuve ganas de charlarme, de sentarme a mí misma en la silla y mirarnos cara a cara. Me senté frente al espejo y me miré, directo a los ojos. Traté de entrar por lo más profundo de mis marcos marrones, entrar en cada punto negro que vive dentro de ese tono marrón que desearía fuera más claro pero me conformo con que aparezca cuando yo estoy más clara. Y cuando llego al centro, sumergirme en ese agujero negro que me lleva directo al interior de un sinfín de posibilidades y verdades.

Lágrimas  me empiezan a recorrer la cara y siento que las palabras jamás podrían reproducir el idioma en que mi yo sentada de este lado del espejo dialoga, se mira, se interpreta, se interpela, se abraza, se conjuga de una manera perfecta con la que está de aquel lado del espejo. Aunque intente entender, sé que en ese momento no hay nada que entender, solo queda entregarse y celebrar la comunión. Sentir la unión y la aceptación.

Eso ayuda a re-conectarse y a volver a encontrarse y saber por dónde ir cuando sí hay que pensar, poner en palabras, comunicar. Pero entonces el cuerpo ya quedó plasmado, empapado de esa energía que se traduce en verdad, es ahora un ser sinérgico que sabe lo que es y lo que necesita desprovisto de todo el lenguaje que lo explica. Es como si cuando del alma hablamos no hubiera metalenguaje que la explique, al menos no un metalenguaje con símbolos como palabras.

Entonces se charlaron los que se tenían que charlar, ellos arreglaron los temitas que tenían que arreglar y yo, sonrío mientras me sigo mirando a los ojos. Festejo al fin que todos mis planos puedan encontrarse y escucharse y tenerse paciencia. Nada es fácil y simple y a la vez lo es todo.


jueves, 28 de agosto de 2014

Rayuela y yo.


     
 Mi historia con Rayuela para mí es muy hermosa. Empezó allá por el 2005 creo, cuando me fui de vacaciones con una amiga a Bariloche. Ella se compró el libro en un kiosko, era una edición que venía con un diario. Era re gordo. Para mí un libro “inleíble” pero veía que ella lo disfrutaba, me había leído alguna que otra parte durante las vacaciones pero creo que yo aún leía solo policiales -o no- pero estaba claro que no estaba lista para Rayuela.
Al año siguiente, me voy a Europa de vacaciones e iba a ir a París. Seguía sin leer Rayuela, pero mi amiga (la que lo había leído en las vacaciones) me pidió un favor: que vaya a la tumba de Julio Cortázar y le deje algo. En ese momento ella decía que yo era su pulmón, entonces me hizo un dibujo de pulmón para que me lleve de viaje (me iba por un mes y para nosotras eso era un montón). En el pulmón me había escrito frases que usábamos todo el tiempo para que no la extrañara y la llevara conmigo. Fui a París y cumplí mi cometido. No sabía bien qué tenía que ver ese hombre argentino con París, cuán importante era, no imaginaba cuán importante sería luego haber tenido el honor de visitar su tumba y dejar mi “pulmoncito” ahí. Me costó un montón encontrar la tumba. Pero llegué. Estaba llena de regalos, monedas y sobre su nombre estaba el de Carol Dunlop, su última mujer (y a quien luego yo conocería a través de “Los autonautas de la cosmopista”). Saqué fotos, me guardé el momento, la imagen, la desesperación de no encontrar la tumba hondo, bien hondo en el corazón. Parece que fuera hoy, con este día de frío gélido igual que aquel: sacarme los guantes para agarrar el pulmón y que se me congelen las manitos, agarrar monedas de un peso y ponerlas arriba del pulmón dibujado sobre la tumba de Cortázar para que no se vuele y pensar en ella. En cuán feliz la estaba haciendo con eso y en cuán feliz ella me hacía haciéndome hacer esas cosas de tinte romántico que me hacían quererla aun más.
Pero eso no fue todo. Tres años más tarde de Bariloche y uno de París, un chico me regala por e-mail un capítulo de Rayuela, el capítulo siete para ser más precisa. Y casi me desmayo, ahí redonda frente a la pantalla:
“Toco tu boca, con un dedo toco el borde de tu boca, voy dibujándola como si saliera de mi mano, como si por primera vez tu boca entreabierta, y me basta cerrar los ojos para deshacerlo todo y recomenzar, hago nacer cada vez la boca que deseo, la boca que mi mano elige y te dibuja en la cara, una boca elegida entre todas, con soberana libertad elegida por mí para dibujarla con mi mano en tu cara, y que por un azar que no busco comprender coincide exactamente con tu boca que sonríe por debajo de la que mi mano te dibuja.
                Me miras, de cerca me miras, cada vez más de cerca y entonces jugamos al cíclope, nos miramos cada vez más cerca y los ojos se agrandan, se acercan entre sí, se superponen y los cíclopes se  miran, respirando confundidos, las bocas se encuentran y luchan tibiamente, mordiéndose con los labios, apoyando apenas la lengua en los dientes, jugando en sus recintos donde un aire pesado va y viene con un perfume viejo y un silencio. Entonces mis manos buscan hundirse en tu pelo, acariciar lentamente la profundidad de tu pelo mientras nos besamos como si tuviéramos la boca llena de flores o de peces, de movimientos vivos, de fragancia oscura. Y si nos mordemos el dolor es dulce, y si nos ahogamos en un breve y terrible absorber simultáneo del aliento, esa instantánea muerte es bella. Y hay una sola saliva y un solo sabor a fruta madura, y yo te siento temblar contra mí como una luna en el agua.” (Rayuela, cap. 7)
          No creía que Rayuela tuviera escritas estas palabras. Para mí Rayuela era otra cosa. Una hora después de recibir esto creo que estaba en la librería comprando el libro. También un poco después estaba contestando ese mensaje, ese e-mail. Nunca me habían regalado tan lindas palabras. El chico no estaba en el país con lo cual manteníamos una relación por chat o skype. Nos empezamos a acompañar en la lectura y a conocer a través de la lectura. Rayuela se puede leer de dos maneras: de corrido (de esta manera solo leés 56 capítulos) o salteado (el libro te va llevando por los diferentes capítulos que terminan siendo como ciento y algo y leés el libro completo). Él eligió los 56, yo el libro completo. Nunca entendí cómo alguien puede elegir dejar una parte sin leer, como luego no entendería tantas otras cosas de él.
                Era verano, por eso me sobraba el tiempo para leer y por lo tanto me devoraba los capítulos. Lápiz en mano subrayaba la majestuosidad con la que Julio lograba describir estados mentales, lugares, olores, sentimientos (aunque para él quizá no fueran tal) y París.  En ese momento maldije no haberlo leído antes de irme y poder recorrer cada calle y cada puente con Rayuela en mi cabeza.
                Obviamente me vi identificada con la Maga, mi amiga me decía “Ay, quién no quiere ser la Maga” y… todas un poco, y a veces no. Con el chico nos quedábamos por largo rato charlando, interpretando. Nos encontrábamos en cada personaje, tratábamos de ver la Rayuela que era nuestra vida, cómo íbamos yendo a donde cayera la piedra, íbamos contemplando las mil y una posibilidades apenas pasaba el tiempo. Y, como Oliveira, un poco nos costaba ocultarnos las verdades: hablábamos todo como estos personajes que podían describirse el alma en palabras y eso nos mostraba que no siempre el alma era la imagen de palabras dulces y “divinas” (divinas de lindas y divinas de “divinidad”). Que el alma se muestra en su parte oscura, real y sincera también. Porque para mí Julio mostraba el alma en su más viva voz. Su mente y sus palabras sabían interpretar  a la perfección el puro y único deseo de ser, de plasmar tal cual era, su realidad como la veía. Ponerse un pullover, enredarse, caerse por la ventana y morir. Vomitar conejos. Continuar parques.  Y después del almuerzo.
                Un buen día se avecinaba el cumpleaños del chico que aún residía por las Europas. Él ya me había dicho que la copia que estaba leyendo de Rayuela era sacada de la biblioteca, no tenía su propia edición. Entonces comencé a cumplir una hermosa fantasía: fui a la librería y le compré el libro. Llegué a casa y se lo dediqué. Después escribí una carta de puño y letra, como lo estoy haciendo ahora donde  le decía que tenía un regalo para él y le adjunté fotos del libro conmigo y se la mandé por correo. Sí fotos del libro y yo. En la carta le decía al mejor estilo Rayuela, que tenía dos opciones: a. que le mandaba el regalo por el hermano que pronto viajaba a visitarlo; b. que lo venía a buscar a mi casa cuando volvía. Eligió la b.
                Cómo siguió la historia con el chico es un capítulo aparte, justamente hoy, en el aniversario del nacimiento de Julio le escribí “Leo Cortázar y leo Rayuela, leo Rayuela y pienso en vos. ¡Gracias!” “Gracias a vos también, fuiste mi compañera de Rayuela” me contestó. Si eso no es un final feliz…
                ¿Cómo sigue la historia con mi amiga? Me di cuenta que ella siempre fue uno de los maestros más severos que tuve y tengo pero con quien mi alma es inmensamente feliz, feliz y feliz y agradece.
                ¿Cómo siguió la historia con Rayuela? Me ayudo a subir un escalón, a trascender un momento, una etapa y así como subí un escalón, comencé un viaje hacia otra posibilidad de mirada, de escucha y de concepto. Es amor eterno y agradecimiento a abrir la cabeza, a desmitificar el amor y a darle una profundidad a los detalles. A entender la locura como un arte o el arte como locura y a licenciar y habilitar el maremoto mental.

                ¿Cómo siguió la historia con Julio? Siempre será un Maestro en mi vida.